mail de contacto: silviajlerner@gmail.com



sábado, 19 de mayo de 2012

APRENDER A PEDIR. III: El buen pedido

¿Qué es “pedir bien”?

 El buen pedir, el pedido efectivo, aquel que tiene mayores posibilidades de ser atendido y satisfecho,  implica:

ü      hacerse cargo de que uno está pidiendo algo: ser sujeto del pedido, comprometerse con lo que se pide… Y, consecuentemente,  recibir cuando el otro da. En otros términos, ser sincero en el pedido, o habrá un gran costo posterior en confianza. Esto significa, por ejemplo, hacerme cargo de que soy yo quien tiene la necesidad de lo que pido, personificarlo. No es lo mismo decir “Por favor, podrías cambiarme esa lamparita?” que decir “La lamparita se quemó. Hay que cambiarla.”.

ü      dirigirlo expresamente a determinada persona ( persona, institución, grupo, etc.). No vale el “¿Alguien podría cambiar la lamparita?”...

ü      referirse a algo que realmente  uno necesita. Si pedimos por el hecho de pedir, porque mantiene una cierta relación de dependencia con otro, porque nos sirve para confirmar que disponemos de su atención, porque queremos molestarle o por capricho, probablemente nuestros pedidos irán generando un malestar creciente y terminarán por ser resistidos o desatendidos.

ü      explicitar lo más claramente posible qué acciones concretas  espera uno del otro. Si no, estamos organizándonos una futura frustración o insatisfacción. Decir “Quiero tu apoyo” es menos efectivo y preciso que decir “Por favor, acompañame al médico. Necesito que estés conmigo cuando me den el diagnóstico”. Otros ejemplos son:  te pido que me quieras, me respetes, te comportes mejor, que hagas un esfuerzo, etc. Dejan demasiado abierto el espacio para que el destinatario lo interprete a su manera.

ü      precisar en qué plazo uno espera la satisfacción. Podemos pedir que nos devuelvan un libro, por ejemplo, dando por sentado que la otra persona responderá de inmediato. Sin embargo, un buen pedido debería agregar “antes del viernes próximo”, por ejemplo.

ü      evitar en lo posible los sobreentendidos, para no caer en malentendidos. Esta es algo así como la regla de oro en este sentido. Y en el de la comunicación en general. Si bien nuestras conversaciones suelen tejerse sobre un determinado contexto de obviedades compartidas, muchas veces creemos entender lo mismo que nuestros interlocutores. ¿Cuántos quiebres en la comunicación se evitarían si chequeáramos cómo hemos sido escuchados? En el terreno de los pedidos esto es particularmente importante.
ü      aceptar las posibilidades reales del otro, en tanto capacidad y también límites. ¿He pensado si la otra persona está en condiciones reales de darme lo que necesito? ¿O le pido porque está “a mano”?...

ü      elegir el momento, el contexto apropiado según de qué pedido se trate, pudiendo anticipar, de alguna manera, el mundo desde donde el otro estará escuchando. Cuando me hago cargo del mundo del otro, el pedido encuentra más predisposición, más viabilidad. Especialmente si tengo que hacer un pedido importante, o se trata de algo que le implicará un esfuerzo a mi interlocutor, es bueno que perciba primero en qué situación está. Si está muy agobiado, si está muy enojado, si está enfermo, etc etc., su disponibilidad para responder a mí será menor. También puedo intervenir creando primero un mejor contexto, una mejor predisposición.

ü      Por último, un buen pedido lleva ya implícito el agradecimiento  posterior.

No olvidemos que el primer paso para un buen pedido es reconocer la necesidad propia, aunque inicialmente no sepamos cómo pedir. Eso implica darnos permiso para necesitar y luego para pedir, del mismo modo que damos permiso para que nos digan que no.
Estar ambivalentes respecto de nuestro derecho a pedir también nos hace pedir de mala manera, en forma inefectiva o confusa, para que nos digan que NO.

Pedir bien implica mucho más que encontrar la fórmula de cortesía adecuada. Precisamente porque no se trata de una mera fórmula, sino de una manera particular de relacionarse con los otros.

jueves, 10 de mayo de 2012

APRENDER A PEDIR: II. El costo de no pedir.

II. PEDIR Y PODER :                                                    
Sin que pidas, no podemos dar. “
          La Respuesta del Angel.

El pedido no describe el mundo: busca modificarlo por la acción de otro. Se compromete a alterar el orden de los eventos, intentará que algo ocurra.
Por eso decimos que el pedido tiene mucha relación con el  poder. ¿Cómo definimos el poder? El  poder es, de algún modo, la posibilidad o capacidad que alguien tiene de conseguir que sus pedidos sean satisfechos.  Por eso a veces un bebé llega a tener más poder que sus padres, cuando todo lo que pide - con sus llantitos o sus protestas, que también son formas de pedir - obtiene satisfacción. Por eso se habla también de “la fuerza de los débiles”, como es el caso del enfermo que maneja a las personas que lo cuidan y logra que respondan a todos sus pedidos. Es su deseo el que obtiene satisfacción, no el de quienes lo atienden.
Saber pedir, implica desarrollar poder. Y no saber pedir, o no querer pedir, implica perderlo o resignarlo. Qué curioso, porque muchas veces dejamos de pedir, precisamente, porque nos parece un signo de debilidad. Nuestra cultura, basada en el individualismo y no en la solidaridad, fomenta  modelos autosuficientes. Entonces nuestros pedidos empiezan a desdibujarse, a confundirse, y terminamos pidiendo como si no pidiéramos.
Los actos en que escondemos nuestros pedidos no son triviales. Hacen a nuestra identidad y a cómo nos movemos en el mundo.



Hay un enorme costo en no pedir. Identidad, poder personal, y efectividad están relacionadas con la capacidad y habilidad para hacer demandas o pedidos.
Podríamos decir  que las áreas en las que menos aprendemos son aquéllas en las que tenemos dificultades para pedir. Nos quedamos con lo que sabemos o creemos. Que puede ser poco o errado.

Una pregunta interesante para hacerse es : ¿en qué área me cuesta pedir?... ¿En la convivencia con mi pareja? ¿Con mis hijos? ¿En mi trabajo?...Y luego: ¿Qué conversación interna me lleva a no pedir?... ¿Cuáles son mis creencias profundas acerca de lo que pasa cuando pido, si pido?
A veces se trata de  la necesidad de mostrarnos seguros y fuertes. Como si fuera la única necesidad importante. Otras veces, estamos convencidos de antemano de que  no recibiremos una respuesta afirmativa, por lo que intentamos evitar la frustración. En ambas situaciones lo que subyace es algún tipo de miedo. Y donde hay miedo, hay repliegue, hay un cerrarse. Por eso no se aprende. Aprender requiere plasticidad y un determinado monto de confianza básica para soltar lo aprendido, desaprenderlo y adquirir nuevas visiones. Aprender requiere apertura.
Y donde menos aprendemos, donde menos fluimos, donde más nos cerramos, es también donde nuestra vitalidad se frena y se congestiona, donde más sufrimos. “Dime dónde no pides, y te diré donde te duele”...

No pedir trae costos para uno mismo, pero también los trae para el otro. Parte de la subordinación en una relación, puede pasar por  creer que uno debe adivinar qué necesita o quiere el otro, sin que éste lo pida.  Todos sabemos qué difícil puede llegar a ser querer a alguien que no pide y a quien hay que estar adivinándole sus deseos y necesidades. No pedir no significa no esperar, y mucho menos, no frustrarse. Siempre estamos exponiéndonos al fracaso en nuestros intentos por satisfacer a ese otro, ya que no ha explicitado ningún pedido claramente. Y, por supuesto, tampoco podemos esperar reconocimiento o retribución, ya que nada pidió. Se crean juegos de poder dolorosos y complejos alrededor de estas cuestiones. Manejos solapados, culpas ineludibles...
En las parejas, muchas veces se genera una complicidad en la ambigüedad: gana el primero que dice “Habría que...”, en lugar de pedirlo. “Habría que sacar la basura” funciona automáticamente como “Tenés que sacar la basura”, pero nadie se hace responsable de pedirlo.
Como ya vimos,  el pedido implica también un compromiso que no toda persona está dispuesta a asumir.

martes, 8 de mayo de 2012

APRENDER A PEDIR: I. Qué es pedir?

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7,8



I.  ¿QUÉ ES PEDIR?...

 Es, aparentemente, un acto pequeño, un acto lingüístico, algo a lo que estamos tan acostumbrados que no parece necesario pensar en ello, es simplemente algo que se dice, palabras...
 Sin embargo, es una herramienta muy poderosa, una acción transformadora de la realidad, algo que hacemos hablando, que el lenguaje nos posibilita.
Reflexionemos... ¿cuándo pedimos ?... Cuando queremos o necesitamos algo y suponemos que eso no va a suceder por sí mismo mientras los sucesos se desarrollen como vienen. Por ejemplo: quiero hojear esa carpeta o aquel libro, y estás mucho más cerca de ellos que yo, que tengo además el café en la mano y no puedo levantarme. Sé que no van a venir volando hacia mí, y dudo que me los alcances sin saber que los quiero. Entonces te los pido.  Y resulta que – si aceptas -  carpeta o libro, llegan a mis manos.
O bien, yo necesito que mi prima esté mañana en casa a las cuatro de la tarde para que conversemos. Sé que ella no tiene pensado venir a esa hora por acá, que seguramente tiene otras cosas que hacer. Entonces le pido que venga: mañana, acá, a mi casa, a las cuatro de la tarde, para que conversemos. ¿No es interesante que el pedido pueda conseguir que eso suceda?
Podríamos  advertir que hay casi una magia en ese hecho lingüístico: algo que no iba a suceder,  algo que necesitábamos o queríamos, sucede.
Desde tiempos inmemoriales, el pedido ha sido considerado como un acto tan poderoso que pone en contacto con Dios: “Pedid y se os dará”.
Tanto en el plano de la vida cotidiana como en el ámbito religioso puede ocurrir que nuestros pedidos no sean satisfechos... Y esa es una de las claves para comprender este tema: que cuando pido algo, me estoy exponiendo tanto al SÍ como al NO. Si solamente admito un SÍ, estaba dando una orden. Dar una orden convierte el vínculo en una relación asimétrica.
Si cambiamos “pido” por otro verbo, estamos realizando otra acción. Y, con ello, estamos definiendo la situación y la relación de una manera diferente.   Imaginemos cómo cambia la conversación, el tono del intercambio, la escena si ruego, solicito, exijo, ordeno, invito, sugiero, demando o propongo...
Cada modo de decirlo es un modo distinto de actuar. Cada una de estas maneras de demandar dirigen a una acción, pero de diferentes modos. En algunas hay más lugar para el NO que en otras. Nos paran de diferente forma en el mundo: definen nuestra identidad. Por ello, no son inocentes. Y corresponden a distintos vínculos y relaciones:  si le ruego a alguien, por ejemplo, estoy haciendo una petición, pero además le estoy diciendo al otro que él/ella tiene todo el poder, y yo no tengo desde donde negociar, no tengo algo que ofrecer a cambio o un elemento de presión. Sólo puedo depender de su buena (o mala) voluntad. En cambio si exijo u ordeno, también hago una petición o una demanda, pero claramente el poder o la autoridad están de mi lado.  En el caso de invitar, proponer, sugerir, estoy peticionando y a la vez estoy dando a entender que la otra persona y yo estamos en situaciones equivalentes, y que el otro tiene clara  libertad para responder.

 Por supuesto, no basta con las palabras que empleamos. El tono y las expresiones, y el contexto dentro del cual se habla demuestran y a la vez definen cómo uno ve al otro, y, por lo tanto, cómo estamos juntos en el mundo. Esto incluye lo que uno dice y cómo lo dice, tanto como lo que el otro escucha y lo que acepta o no acepta. Alguien puede usar palabras muy dulces pero en un tono amenazante o apuntando un arma hacia mí ...
Un pedido es una proposición, pero no sólo de que algo suceda, sino de que suceda de cierto modo entre nosotros. Implica distintos modos de participación en la relación. En el acto de pedir estamos inventando formas de estar juntos en la vida.

Una relación puede evaluarse en función de cómo circulan los pedidos, y también los ofrecimientos  y las promesas entre sus miembros.

SL (c)

martes, 10 de abril de 2012

TALLER DEL VIAJE INTERIOR (c): GRUPO EN FORMACIÓN




TALLER DEL VIAJE INTERIOR
Un espacio de serenidad y encuentro con el propio ser
Coordina: Lic. SILVIA J. LERNER

    Nuestra salud y bienestar dependen de nuestra energía. Para sentirnos bien es esencial que ésta fluya por nuestro organismo sin  bloquearse ni debilitarse. La tensión, el stress, los problemas afectivos, las preocupaciones, los temas no resueltos,  se traducen en este
tipo de trastornos energéticos que, a su vez, generan más malestar - físico y anímico - y disminuyen nuestra capacidad para enfrentar el  desafío cotidiano.

En este espacio semanal podremos
* hacer un alto en las tensiones y presiones de todos los días, renovando nuestra capacidad energética

* aprender a relajarnos, de manera de poder hacerlo cuando lo necesitemos
* entrar en nuestro mundo interno mediante la visualización guiada
* tomar conciencia de lo que sentimos
* mejorar nuestro estado de ánimo general
* lograr un mayor equilibrio y ecuanimidad
* despertar y estimular nuestra capacidad creativa
* descubrir las propias respuestas, nuestra sabiduría interior

La relajación devuelve el cuerpo al estado óptimo para su funcionamiento.
La visualización abre el acceso al espacio psíquico interior. Está comprobado que los cambios en el espacio imaginario permiten cambios concretos en las emociones y acciones, liberando nuevas posiblidades o activando las que estaban bloqueadas.
La comunicación grupal inicia y activa el proceso de elaboración personal.

Horario: Lunes de 19 hs a 20.30 hs. 
Inicia: 23 de abril.
Zona: Palermo Soho.

Consultas, contacto e inscripción:
 Por mail: silviajlerner@gmail.com
 Por T.E.: 4833-1459
VACANTES LIMITADAS.
Se requiere inscripción previa.

EL VIAJE INTERIOR

“(…)  el corazón contiene la imagen de nuestro destino y nos llama para que lo realicemos”.
James Hillman, “El código del alma”

Habitualmente vivimos sometidos a múltiples presiones, obligaciones, dificultades, cuestiones a resolver.  Año a año, estas condiciones generales (el “Mundo Externo” como lo llamaba Freud) parecen demandar más y más del Yo, que se esfuerza por conciliar las múltiples exigencias y el exceso de información al que se ve sometido frecuentemente.
Por lo tanto, no es extraño sentirse agobiado*, tironeado en direcciones opuestas, sobrecargado, sobreestimulado, paralizado, solo…
Cuando afuera todo cambia tan veloz o aleatoriamente que resulta caótico, cuando las emociones nos pesan aunque las entendamos, cuando no encontramos respuestas… ¿qué podemos hacer?

Desde tiempos inmemoriales el ser humano descubrió que existe un “Mundo Interno”,  un “espacio interior” al cual puede orientar su conciencia, encontrando allí una alternativa a lo que percibe, y con ello, a lo que siente, piensa y puede hacer.
Hoy ya resulta algo sabido que las tensiones bloquean el acceso a lo más luminoso en nosotros mismos, un potencial de creatividad, bienestar y amor al que muchas veces no logramos acceder.



Ese “mundo interno” y sus tesoros está siempre allí. En todos y cada uno. En ese espacio interior podemos centrarnos, recomponernos, conocernos más profundamente, sanarnos, orientar nuestras próximas acciones. Sin embargo, como cualquier espacio sagrado,  es necesario prepararse para entrar en allí.
Hablamos de él como un “espacio”, a falta de mejores metáforas, aunque sabemos que, en verdad, se trata de un estado de conciencia. Algunos lo describen como contacto con el Alma, esa misteriosa parte de nuestro ser que es capaz de mediar entre lo terrenal y lo espiritual, mientras intentamos crecer y desplegarnos.
Como dice Eckhart Tolle, en “El Poder del Ahora , el mayor obstáculo para entrar en ese estado “es nuestra identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo”. Vivimos habitados por nuestras conversaciones internas, llenas de juicios, opiniones, confusiones, repeticiones y rigideces, que crean “una pantalla opaca (…) que bloquea toda verdadera relación”[1] entre nosotros y los otros, con la naturaleza y con el mundo,  dejándonos aislados, separados, solos.

A veces ese estado de conciencia unificada acaece por sí mismo. Sucede cuando nos conectamos profundamente con un entorno natural, cuando estamos verdaderamente alegres, cuando escuchamos amorosa, abierta y verdaderamente a otro, cuando creamos, durante el buen amor y el buen sexo… Hay muchas situaciones, y cada uno conoce cuáles son las condiciones que necesita para serenarse, para escuchar a su Alma. Situaciones que nos vinculan con un Ahora prístino y absoluto.

Pero el torbellino cotidiano, al que respondemos con nuestras respuestas habituales y prefabricadas, con el peso de la historia y el temor al futuro, empaña estas percepciones.

Se ha demostrado que LA RELAJACIÓN Y EL ESTADO MEDITATIVO modifican radicalmente las condiciones de funcionamiento del cerebro en particular y del organismo en general. No voy a extenderme ahora sobre estos temas, para los que hay una extensísima bibliografía.
Promover un estado de relajación armoniza ambos hemisferios cerebrales, baja las frecuencias irritativas,  que se acompañan de un estado de tensión muscular que altera todos los sistemas (especialmente el respiratorio, circulatorio, digestivo, hormonal…) . Vivimos así en un estado de alerta que no retrocede, agotando nuestras reservas y perpetuando el stress. Lo que puede haber sido una buena respuesta organísmica frente a alguna presión del mundo, termina convirtiéndose en el estado permanente. Es como vivir con una sirena o una alarma de incendios que nunca se calla.
La relajación nos ayuda a “bajar el volumen” de la voz de la mente… y desprendernos suavemente de los pensamientos repetitivos,  o al menos a no identificarnos con ellos. Podemos aprender a observarlos y dejarlos ir. Logramos escucharlos sin tener que reaccionar necesariamente a ellos.
Aflojamos las corazas físicas que nos mantienen en un determinado cuerpo que no se adapta a nuevas situaciones, y que nos impiden sentir y pensar de otra manera.

La VISUALIZACIÓN consiste en la producción de imágenes a las cuales se orienta la conciencia, ya sea de manera espontánea o guiada. La relajación es el estado ideal para entrar en el mundo de las imágenes, ese territorio misterioso y mágico que está activo en nosotros, lo sepamos o no.
Hay dos aspectos de la visualización: uno pasivo, en el cual las imágenes se manifiestan a la conciencia, ya sea en forma espontánea o sugerida por un terapeuta o facilitador, y otro activo, creativo, en las cuales uno produce representaciones, por ejemplo de situaciones que desea alcanzar, producir, vivir: imaginar cómo deseo reaccionar frente a alguien, cómo quiero que sea mi casa, etc.
No podemos hacer cosas nuevas sin imaginar un Yo diferente. Es necesario crearlo y luego identificarse con él. En ese sentido, las imágenes tienen una función preparatoria .
Dice Bachelard, el gran estudioso del poder de las imágenes: “ La vida sigue la línea directriz de la imaginación”.
De una u otra forma – aparentemente pasiva o activa – creo que siempre hay un proceso de producción que se orienta a esclarecer nuestra realidad interior y estimular nuestro crecimiento.

Tanto la relajación como la visualización constituyen capacidades innatas que pueden desarrollarse con entrenamiento. Cada uno tiene su propio tiempo y nivel de apertura, que va variando y que depende inicialmente del grado de resistencia que le produzca adentrarse en lo desconocido de sí.
Como afirma Shakti Gawain[2], nada malo puede provenir de nuestro interior, de nuestro verdadero Self. Tenemos miedo a las cosas que no enfrentamos. “En cuanto estamos dispuestos a atender completa y profundamente a la fuente de un miedo, ella pierde su fuerza”.

El TALLER DEL VIAJE INTERIOR ©   propone un abordaje inicial para aprender a relajarse y visualizar,  de manera de promover un estado general más saludable y grato, dando acceso a la sabiduría y creatividad que reside en cada uno.
Aquí, el punto de partida. Cada uno tiene su propio recorrido y destino. 


Ilustración: "La viajera interior", oleo. SJL.






* Para permitir la fluidez del texto utilizaré el masculino como indistinto, abarcando ambos géneros.
[1] Eckhart Tolle, en “El Poder del Ahora”, op. cit.
[2] Shakti Gawain, Visualización Creativa.

miércoles, 22 de febrero de 2012

PACIENCIA, PASIÓN Y PAZ : Reflexiones de una terapeuta transpersonal

Hace ya muchos años, Carl Rogers resolvió sustituir la palabra “paciente” por “cliente”, para denominar a las personas que lo consultaban, para evitar la connotación de pasividad del primer término.
Personalmente, admiro muchas ideas de Rogers, pero no veo nada de malo en la palabra “paciente”.  Creo que quien inicia un tratamiento debe, esencialmente, armarse de paciencia... Si no la tiene, ese es parte de su aprendizaje. Y también el terapeuta debe trabajar con paciencia, es decir, en paz. Especialmente paz de conciencia. Y aunque me encantan las cosas veloces, e incluso admiro algunos métodos “espectaculares”  - como los recursos de PNL que curan una fobia en cinco minutos, según dicen – he aprendido a honrar el valor de los procesos y respeto la obra del tiempo. Y procuro transmitir esta actitud a mis pacientes, para que se tomen a sí mismos con amoroso cuidado.
 Por otro lado, asocio este nombre con “pathos” = pasión... O sea todo lo contrario a la pasividad. Creo que la pasión es esencial a la vida, y es la base de mi trabajo.
Las pasiones humanas son misteriosas y vitales, ricas y profundas. Oscuras y luminosas a la vez. Hacen al erotismo mejor entendido y permiten intensificar el amor a lo que se hace.

Entiendo que ambas cosas deben combinarse adecuadamente: intensidad (pasión) y capacidad de sostener una relación en el tiempo (paciencia).
Hay que tratarse a uno mismo con amor, respeto y cuidado. Hay que enamorarse de la propia búsqueda, y por lo tanto, de las insondables posibilidades que se albergan en uno mismo, reverenciar  el propio misterio que participa del Misterio. Para eso, hay que dedicarse tiempo.

Aún así, no prefiero los tratamientos largos. Pero ningún caso es igual al otro y rara vez puedo anticipar qué tan extenso será un proceso. Hay gente que se reorganiza en una consulta, o en tres sesiones. He visto niños curar sus síntomas en cuatro entrevistas diagnósticas (horas de juego). Incluso algunos nunca llegaron a la consulta. Sus cambios se iniciaron después de que los padres tuvieran no más de tres o cuatro entrevistas.
Hay pacientes que necesitan seis meses para confiar en el proceso terapéutico. A otros les lleva años. Hay gente que trabaja intensamente los primeros meses y necesita luego otro tanto para confirmar lo que aprendió. Hay personas que vuelven periódicamente a lo largo de diez o quince años porque han construido un especio de encuentro consigo mismos, a través de su relación conmigo.
A veces vuelven porque tienen que enfrentar nuevos desafíos, dificultades o penas.
A veces vienen a compartir sus nuevos logros y alegrías.
Estoy convencida de que mi trabajo no es solamente escuchar el dolor. Está lleno de alegrías, de descubrimientos, de sorpresas. Es también un espacio para celebrar.
Tal vez por eso asocio “paciente” con la palabra “paz”... La paz que buscamos para florecer, y la paz que sentimos – pacientes y terapeuta – cuando arribamos a un buen puerto después de surcar mares de tormenta. El puerto al que cada uno quiere llegar en el pleno o mejor ejercicio de su libertad. No el puerto que yo creo que necesita.

martes, 14 de febrero de 2012

LA ASTROLOGÍA EN EL CONTEXTO DEL VIAJE INTERIOR

Los signos del Zodíaco representan  manifestaciones particularizadas de la energía en su evolución. Al observar cómo los sabios de la Humanidad representaron estos movimientos, logramos acercarnos al conocimiento de ciertos Arquetipos básicos del alma humana e incluso percibir importantes aspectos de  la dinámica del Cosmos, del cual formamos parte, al cual pertenecemos.

La Astrología – considerada por siglos como un lenguaje sagrado y tan devaluada luego mediante horóscopos y otras aplicaciones pueriles - constituyó, entonces, un profundo tratado de psicología humana desde el punto de vista de su inserción en un Todo mayor: el Universo. Más aún; es una mirada que permite reconocer que no somos seres aislados, y, con ello, reintegrarnos, re-ligarnos. Nos permite abordar el misterio planteado por Heráclito, el sabio griego: “El carácter es el destino”, ya que une la observación del entorno y las circunstancias como inseparables del sujeto que habita en ellas. “Lo que no sé de mí, es lo que me viene como Destino”, agregaría Jung. Es además, un saber sobre el cambio, sobre el devenir, sobre el movimiento de las cosas.

Nuestro recorrido por este antiguo saber (aggiornado y enriquecido mediante la investigación de numerosos estudiosos antiguos y contemporáneos) nos lleva a recorrer también todas las etapas de la vida humana: desde el nacimiento (cuando el impulso de ser inicia su camino de diferenciación a partir del útero como Mar Primordial) hasta la disolución en ese mismo mar. Nos permite abordar el crecimiento, la construcción de la propia identidad, la comunicación,  la creación, la construcción de la  familia,  el servicio, el encuentro con el otro, la sexualidad y la fusión, la conquista del saber, el logro de una identidad pública plena, el ingreso en la red de pares... es decir, las múltiples experiencias que corresponden al inicio, el progreso y  la culminación de los proceso de la vida tanto como la declinación y el término.

Cuando trabajamos temas astrológicos en los T.V.I. [1], propongo abordar este conocimiento para ampliar nuestra percepción, conocimiento e intuición acerca de las personas, las relaciones y la vida en general. El aprendizaje integra tanto el cerebro izquierdo (búsqueda de información tareas reflexivas, análisis) como del derecho (visualizaciones, trabajo de metáfora, juegos).  No es un conocimiento técnico ni busca una aplicación estrictamente “astrológica”. No es necesario saber hacer cartas natales para nutrirse con este saber. Es más bien una mirada profunda, enriquecida y enriquecedora, ligada más a la sabiduría que a la opinión y posee, por tanto,  una virtud transformadora.


[1]  Talleres de Viaje  Interior ©

miércoles, 1 de febrero de 2012

TRABAJANDO CON ESENCIAS FLORALES: Reflexiones personales

  Empecé a trabajar con esencias florales (EF en adelante) hace más de veinte años, inspirada por una colega y amiga, que había recibido de regalo un set inglés de EF de Bach. Rápidamente compartimos la curiosidad, y tiempo después el entusiasmo y la admiración por este sistema curativo.
  Año tras año iba impregnándome no sólo de sus buenos efectos, sino también del espíritu que rodea al tratamiento floral. Suele ocurrir con las medicinas energéticas o vibracionales: transforman al que la utiliza. Uno no puede menos que reconocer que pertenece a un infinito sistema energético. Y ese sistema infinito, esa energía que todo lo habita y todo lo anima, fácilmente nos conecta con la idea de Algo Superior que incluye y ordena. Ordena e incluye, al parecer, aún lo desordenado, lo caótico. Energía que es Luz, y que contiene también la oscuridad. Paz y sanación para el Alma que, a su vez, tiene que ver con el dolor y las espinas que encontramos en nuestro camino. Y en ese entramado infinito, somos una hebra que tiene su propia consistencia, vibración, color y luz. Una parte de nosotros parece permanecer en medio de los cambios, lo que nos da sensación de identidad. El resto, se mueve y modifica. Es – como diría Heiddegger – puro vacío, nada. Y en ese vacío o nada es precisamente donde podemos fluir, cambiar, mejorar, sanarnos. Cuando nos animamos a asomarnos allí. (...)
(Continúa en pestaña superior: ESENCIAS FLORALES EN PSICOTERAPIA)

 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Aprender a PIVOTAR: Un recurso desde la Ley de Atracción.

Aprender a Pivotar: Un recurso desde la Ley de Atracción.

La Ley de Atracción dice que nuestra vibración atrae eventos que vibran de igual manera.
Cuando nos sentimos mal y pensamos en lo que nos falta, en lo que nos salió mal,  lo que no conseguimos, lo que no somos, lo que no nos dan… vibramos con esa negatividad, atrayendo “más de lo mismo”.  Para salir de ese círculo vicioso – me siento mal y atraigo más eventos que me hacen sentir mal – es importante que aprendamos a trabajar con nuestros pensamientos, modificando poco a poco nuestras emociones y nuestra posición frente a la vida.
Hay muchas maneras de llegar a ello. (...)

PARA LEER MÁS: www.trenzandomundos.blogspot.com

domingo, 4 de septiembre de 2011

PSICOTERAPIA, ARTE Y SANACIÓN

ENTREVISTA A  SILVIA J. LERNER, realizada por SILVINA CATARDI, alumna de Guionarte, Escuela Argentina de Guión.

- ¿Cómo se vincula en tu vida el arte y la curación?

- En mi vida siguen caminos paralelos pero no se unen sistemáticamente todavía. Sí incluyo la actividad artística en algunos momentos del trabajo terapéutico, especialmente trabajando con grupos. Y tengo muy en cuenta el papel de la creatividad en el desarrollo personal y el logro de una vida más saludable.
Desde siempre me expresé artísticamente porque para mí es muy liberador. Y paralelalmente me dedico a  la psicología como profesión desde hace más de 30 años. Más que el arte, diría que la creatividad es un concepto que tengo siempre presente en mi trabajo, en distintos aspectos.

- ¿En qué momento de la tarea artística sentís mayor liberación? ¿Durante el proceso o al finalizarla? ¿Sentís que a veces puede ser "perturbador" el proceso de creación?

- Para mí la tarea artística nunca es perturbadora. Perturbador es tener un problema legal, de salud, un accidente  o que le pase algo a un ser querido. Durante la creación de la obra para mí hay placer y juego. A veces pueden aparecer dificultades cuando no logro encontrar la mejor forma para resolver algo, pero eso no me perturba dolorosamente. Y cuando trabajo con emociones muy intensas lo que siento, en todo caso, es que lo perturbador sería no poder expresar esas emociones.
          Lo que sí le puede pasar a muchos artistas es que su obra los supere. En este sentido Jung dice que “a veces la obra se come a la persona”. La obra pasa a través del artista, se materializa, se hace presente a través de alguien. Según la teoría jungiana, la obra funciona como un ARQUETIPO que busca manifestarse, que de algún modo proviene de lo colectivo e inconsciente, y por ello está más allá del individuo que la manifiesta. Personalmente creo que lo que hay allí es un encuentro entre lo personal del artista y lo transpersonal del arquetipo. Ahí sí puede haber perturbación, porque parecería que la fuerza de lo colectivo puede arrasar al yo individual. Puede ser perturbador cuando la persona no está a la altura de su obra. O cuando la intensidad de lo que expresa desestructura su relación con la realidad cotidiana.  Quizás en ciertos casos el artista debería prepararse como persona, fortalecerse como canal para que pase la obra.
Luego está lo que podríamos llamar la post producción, el camino que sigue una obra de arte en el mundo… Eso puede ser perturbador en sí mismo.

- ¿Podemos sanarnos con la obra de otros?

- Me parece interesante la pregunta porque plantea la posibilidad  de sanarse con el arte sin tener que llevar el papel activo, hacerlo de manera "pasiva", como receptor – más que necesario – de la obra que otro realiza. En realidad también lleva a otras preguntas, como por ejemplo si una obra de arte es tal sin un receptor… Si es producto de “alguien” o algo que ocurre “entre”…
          Probablemente una obra de arte opere o afecte en distintos niveles, y de distintas maneras según de qué se trate y quién la reciba. También su impacto se relaciona con la época, con el tiempo propio y el de todos. No sólo con su contenido y sus formas esenciales, propias. Una obra puede ser muy impactante en un momento y ser intrascendente en otro. Es también un producto social. El impacto puede ser grato o no. Pero además cada época tiene su propio criterio de lo que significa que algo sea una obra de arte o no lo sea. Creo que lo que importa es si produce algún impacto a nivel emotivo y genera algún tipo de cambio de conciencia.
          Por otro lado, podemos vincularnos a fondo con una obra de arte si la dejamos “hablar” en nosotros, y más si no la intelectualizamos, si no la criticamos, si dejamos de lado la rivalidad con el autor. 

- Nuestra intención es regalar obras que curen, que sanen, que reconforten. Pensamos que a veces pueden funcionar mejor que un consejo. ¿Vos lo ves así?

- Simplificando mucho la cuestión, diría que la diferencia entre la obra y el consejo es que la obra opera como símbolo y el consejo como signo. El signo es plano, chato, es eso y nada más, no admite más de una lectura, de una interpretación.  El símbolo, en cambio,  puede interpretarse de distintas maneras, en diferentes niveles, permite tejer significados múltiples. Tiene vacíos o espacios no definidos que el receptor puede rellenar con sus propios contenidos. En ese sentido, estimula la creatividad del otro. Y así aparece la posibilidad de sanación. Lo propio del sujeto se combina con lo que pertenece a la obra.
          Por otro lado, la obra de arte posibilita a la persona acceder a un estado de ánimo diferente. Hay que tener en cuenta que las acciones dependen de las emociones. Nuestras emociones delimitan el marco de nuestras posibilidades de acción, definen actitudes. Si estoy triste, por ejemplo, habrá cosas que no podré hacer, acciones que no estarán disponibles para mí. O si me siento desanimada, o pesimista. Lo mismo con cada una de las emociones: propician ciertas acciones, inhiben otras. A veces uno no actúa por no saber qué hacer. Pero mayormente no actúa porque no logra la emoción adecuada, necesaria.
          Las acciones dependen de las emociones y el arte las genera o las cambia. Las obras de arte inspiran. Eso es otro efecto esencial de lo expresivo, de lo artístico.
          De todas formas creo que ustedes, con su producción y expresión, además se están comunicando.  Y en la comunicación siempre hay otro.  Y lo que le pase al otro no hay manera de anticiparlo totalmente. Por eso creo que deberían desprenderse de los resultados. Ser libres y dejar libre al otro. Hacer desde sí mismos y después soltar.  Algo de la intención de sanar y de transmitir contenidos amorosos y reparadores seguramente se imprimirá en las obras y se transmitirá.

- ¿Creés que la intención con la que se haga la obra puede quedar plasmada en ella?

- El poder de las intenciones es fuerte. Aunque deberíamos definir que entendemos cada una por “intención”… Digamos que en la obra queda plasmado algo de la conciencia que la generó. Si es un estado de conciencia superior a la conciencia ordinaria – más “iluminada”-  genera algo distinto al que lo produce y al que lo recibe. Porque a veces uno mismo se ilumina con lo que produce. Algo le llega, le sorprende, como si no le perteneciera, como si recibiera un mensaje, una respuesta que no tenía momentos antes de trabajar, de hacer, de crear. A veces hasta nos cuesta reconocer algo que hemos escrito, o pintado…
          Por otro lado, uno puede producir y sentirse mejor, pero también sentirse peor. Porque también es cierto que abrimos una puerta al inconsciente, al individual y al colectivo. Luego hay que enfrentarse con lo que aparece, y no siempre se integra con facilidad.  
          Pero en términos generales creo que la tarea creativa siempre abre posibilidades.

- ¿Se podría construir un paradigma educativo que genere seres sanos?

- El concepto de salud y de enfermedad va variando con el tiempo, a medida que se descubren más cosas, a medida que comprendemos mejor al ser humano. Cada nuevo descubrimiento obliga a reordenar los anteriores, en algunos casos más que en otros. ¿Eso tiene un final?...  Nuestros recursos de investigación, de comprensión, de conocimiento,  también son limitados y van creciendo y cambiando con el tiempo. Pero  aunque tengamos todas las técnicas de investigación nunca vamos a poder descubrirlo todo. Hay cosas de nosotros mismos que no podemos ver. El ojo no logra mirarse directamente a sí mismo. Es como pedirle a un pececito que está en el agua que explique el agua. Estamos limitados por nuestras mismas capacidades de ver y entender y pensar…  Y ellas responden a los paradigmas con que ordenamos la realidad, que van cambiando a lo largo de la historia. Por ejemplo, ahora con todo el auge de la física cuántica podemos entender algunos fenómenos psíquicos de un modo más amplio. Incluso permiten abordar cuestiones espirituales, pensarlas, responder algunos interrogantes. No voy a extenderme en el tema porque es muy amplio para esta conversación … Cuando eso esté tan aceptado que se enseñe en segundo grado, seguramente habrá otras posibilidades para que la gente entienda la vida de manera distinta y la viva de manera diferente.
Pero para eso todavía falta…

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿EL DOLOR ENSEÑA?

¿El dolor enseña? ¿El dolor hace crecer? ¿El dolor madura?
Algunos dicen que sí.
Yo creo que no. Que el dolor en sí mismo no enseña ni hace crecer ni madurar. Decir lo contrario es como seguir sosteniendo que la letra con sangre entra.
¿La felicidad enseña? ¿La felicidad hace crecer? ¿La felicidad madura?
No necesariamente.
Lo que sí puedo decir es que el dolor – hasta un punto, - despierta. Y entonces puede ser que uno aprenda, crezca, madure. Pero pasado ese punto, el dolor adormece, atonta.
El bienestar o la felicidad – si hay algo que pueda llamarse así – quizás adormezca, pero sana, restaura heridas,  compensa pérdidas, permite recuperar fuerzas. A veces nos da la calma necesaria para reflexionar sobre errores cometidos y dolores pasados. Por lo general, no dura tanto como para que terminemos de dormirnos.
Siempre que puedo, “receto” a mis pacientes una buena cuota de bienestar. No basta con sufrir para crecer, aunque uno sea reflexivo y conciente.
Ambos estados – bienestar y malestar – son propios de nuestra vida dual. No es raro que oscilemos entre uno y otro.
Ninguno determina la calidad de nuestro aprendizaje de la vida. Aprendemos si estamos despiertos. Y deseosos de aprender. Crecemos más cuando nuestra conciencia está abierta y permeable. Maduramos cuando aceptamos ambos extremos de nuestro amperímetro emocional con ecuanimidad, cuando integramos y damos sentido a todo lo que la vida nos trae. Cuando tomamos lo que nos sirve y podemos soltar y dejar ir todo lo demás.

Aprender es danzar

Aprender es cambiar lo que somos.
Aprender es cambiar lo que es.
Aprendemos en la danza con el mundo.
Danzamos con el mundo
de acuerdo a nuestra particular melodía interior.
Así nos vamos haciendo.

El mundo que vivimos es el mundo que construimos
Y a la vez el mundo que construimos nos construye.
Algo nos es dado y algo damos.
Ese mundo aprendemos
Ese mundo constituimos
Así vamos siendo.

Aprender es crear
más que repetir.
Es meter algo del mundo en lo que somos
y dejar algo de lo que somos en él.
Es convertirnos en mundo
Es transformar el mundo en nosotros mismos.

No podemos vivir sin interactuar.
No podemos interactuar sin transformarnos mutuamente.
Esa es la danza.
No podemos transformarnos sin creatividad.
Vivir es crear.
Cuando deja de serlo
Deja de ser.

SJL

miércoles, 13 de abril de 2011

"SOY ASÍ..."

Todo lo que pensamos, lo que creemos, tiene consecuencias sobre nuestra vida.
Cuando hablamos de "mi personalidad" parece que nos referimos a algo consistente, sólido. Nos pensamos... "Soy así"... o "No soy así"...

En realidad, eso que creo que soy es un relato, un modo que tengo de pensarme, de verme, que se refuerza por una manera habitual de sentir y de actuar. Se genera entonces un círculo vicioso: eso que pienso de mí - por ejemplo que soy feo/a - me hace sentir de cierto modo - feo/a - , entonces actúo de ese modo - como alguien que no es atractivo, que no es mirado o elegido, que por lo tanto no se cuida ni se arregla - , entonces el mundo responde a mi actitud y yo confirmo lo que siento y lo que creo.
Creer que mi forma de ser, mi yo, mi personalidad, son estables, casi materiales, me ratifica en la dificultad de cambiar.
Pero nuestras formas de hacer y sentir están sostenidas por aprendizajes, ideas, creencias, modelos... y a la manera de los átomos, entre ellas hay inmensos espacios vacíos.
Vacíos que permiten otras posibilidades: desaprender lo aprendido para que se instalen otros aprendizajes, nuevas creencias, abandono de viejos modelos, elección de nuevos estilos... finalmente, nuevas formas de hacer y sentir. Y por lo tanto, de ser.

lunes, 11 de abril de 2011

te invito...

... a leer este artículo en http://trenzandomundos.blogspot.com/2011/02/como-sentirse-bien.html.
Buen comienzo de semana!

LO PRIMERO A LA MAÑANA

   ¿Qué es lo primero que haces al abrir los ojos a la mañana? ¿Qué es lo que te viene a la mente? Cuáles son tus primeros pensamientos?


   La mente tiene la tendencia a retomar las preocupaciones de la noche en cuanto vuelve a la vigilia. A menudo, durante la noche el sueño intenta elaborar algo de esas preocupaciones concientes y otras tensiones más inconscientes. A veces lo logra – esa especie de “segunda mente” que trabaja mientras descansamos – y al despertar tenemos una solución inesperada, una idea luminosa, un insight, un eureka
Otras veces, en cambio, despertamos y parece que nos pusiéramos las mismas medias sucias que dejamos junto a la cama al acostarnos: pensamientos enmarañados de preocupación, de miedo, de ira, de tristeza… Y estos pesarán a lo largo del día, tiñendo todo lo que vendrá después.

   ¿Hay algo que se pueda hacer?
   Es muy útil y saludable poder comenzar el día con una meditación. Sin embargo, no todos sabemos meditar, o no estamos acostumbrados a ello.

   Hay un ejercicio que puede parecer simple, que de hecho lo es, y que además mejora mucho con la práctica: antes de salir de la cama, concentrarse unos momentos en una oración de agradecimiento por lo que va a venir. Aún si el día promete ser arduo y difícil – sí, uno más – pensar primero en lo que sí habrá de bueno alivia una parte de la mochila para comenzar a caminar. Aunque más no sea gratitud por estar respirando, por poder caminar, ver, oír…
   No en un sentido culposo (“Deberías estar agradecido/a!”) sino buscando internamente contactar con el verdadero reconocimiento del don.
   Y en ese reconocimiento, es bueno incluir también la aceptación por lo que no podemos modificar. Que puede no ser definitivo.

   Agradecer lo que hay de bueno en nuestra vida, al menos en el día que empieza. Y lo que hay de bueno en nosotros mismos. Sólo la gratitud permite disfrutar de algo.

   Se dice, además, que nuestras emociones son campos electromagnéticos que atraen otras vibraciones afines. En términos más sencillos: lo similar atrae lo similar. Si permanentemente estamos focalizando en la tristeza, atraeremos más tristeza. Si se trata de rabia, atraeremos más motivos para enojarnos… Es bueno - esencial- tomar conciencia de lo que sentimos. Pero eso implica trabajar luego para ir transformando esos estados en otros más saludables.
   De a poco, suavemente, con la fuerza que llevamos en nuestro interior, podemos ir corriéndonos, milímetro a milímetro, de esas emociones dolorosas. A veces, incluso, un pequeño paso nos lleva mucho más lejos de lo que esperábamos.
   En ese sentido, unos minutos dedicados a reconocer los dones que tenemos en nuestra vida ayuda a focalizar nuestra brújula interior hacia ellos.
   Es un trabajo diario. No excluye sino que fortalece cualquier trabajo de sanación, autoconocimiento, psicoterapia…
   Que cada día encuentres más motivos para agradecer!

domingo, 16 de mayo de 2010

EL ENCUENTRO PERSONAL EN LA CONSULTA: atención de calidad

“Escuchar es muy barato; no escuchar puede ser muy costoso!” Tom Brewer

Una consulta, en cualquier ámbito profesional, es un encuentro entre alguien que tiene una necesidad y otro – generalmente un profesional al que se le adjudica autoridad, saber y competencia – del que se espera la resolución de un problema, malestar, insatisfacción o descontento. O bien la satisfacción de una necesidad o deseo específicos.
Una consulta es, ante todo, una conversación en la que alguien – el consultante - espera ser escuchado y comprendido. Es también una ocasión en la que el profesional puede ser aceptado o no. Es un momento de comunicación, del cual también depende que se pueda ofrecer exactamente lo que esa persona está necesitando, y eso hace al éxito posterior del acuerdo. Es la llave que abre o cierra todas las posibilidades futuras.
A mi entender, la buena comunicación es esencial para brindar una atención de calidad, en cualquier ámbito de consulta.
El lenguaje es sumamente poderoso, es la esencia de nuestras relaciones, y su poder no se refiere solamente a la manera de decir. Escuchar es un aspecto activo y no solamente pasivo de la comunicación. Más aún, es el factor esencial para que la comunicación fluya y se produzca un satisfactorio entendimiento mutuo.
Y lenguaje no es solamente lo que decimos: todo lo que hacemos funciona como lenguaje, es “leído” por otros, podríamos decir escuchado. Así, hablando y actuando, generamos formas de ser y estar con los otros.

En general, se enseña a hablar mucho más de lo que se enseña a escuchar porque creemos que la buena comunicación depende de cómo hablamos, de lo que decimos, de “llegar bien” al otro. Sin embargo, en los últimos años se descubrió que una buena comunicación depende mucho más de que uno escuche y sea escuchado bien. Y muy particularmente, de ir captando cómo el otro nos escucha.
¿Por qué? Porque quien ESCUCHA DETERMINA EL SENTIDO DE LO QUE SE DICE. No escuchamos exactamente lo que nos dicen. Muy al contrario, estamos permanentemente traduciendo o interpretando lo que oímos dentro de nuestro propio mundo de significaciones. Por eso tampoco podemos hablar igual con todas las personas, ya que estas entenderán y responderán según su edad, su género, su estado de ánimo, su cultura…
Lo que resulte de la situación de comunicación va más allá de nuestras intenciones: depende de cómo el otro puede escucharme, interpretar lo que digo, darle sentido. “Uno dice lo que dice...y el otro escucha lo que escucha”.... Esto significa que existe una “brecha crítica” entre el hablar y el escuchar.

La comunicación no es literal y tampoco es puramente verbal: hay muchos elementos que inciden en el significado. Si no, no habría tampoco tantos malentendidos y quiebres en la comunicación.
Numerosos estudios demostraron que, cuando dos personas hablan la influencia del mensaje depende
Tono de voz. 40%
Actitud corporal, gestos, postura. 53%
y Palabras. sólo 7%

Podemos agregar que toda la imagen de uno transmite un mensaje: la edad, el sexo, la forma de vestir, el arreglo personal...
Es importante tener claro que lo que sentimos se transmite y genera campos emocionales también. Especialmente nuestra posición vital básica: si es optimista o pesimista. (Actitudes que suelen ser contagiosas)... Y, por otro lado, - esencial en el trabajo asistencial o terapéutico – si nuestra actitud básica hacia los otros es afectuosa u hostil.
Un profesional que sabe calmar el miedo de sus pacientes, que es capaz de generar confianza, de transmitir respeto y también expresarlo, que desde su sinceridad convoca la sinceridad del otro, es mucho más sanador que aquel que no lo sabe hacer. Tener habilidad en captar y modificar las emociones propias y ajenas es un atributo de maestría que permite intervenir en forma mucho más eficaz que el simple autoritarismo.

Para escuchar bien y ser bien escuchados, debemos considerar la edad, sexo, grupo social, y cultura de la persona que consulta. Y todo el contexto de la conversación, es decir, lo que puede haber estado ocurriendo antes del encuentro, lo que está ocurriendo en el momento, lo que creo que puede llegar a ocurrir. Tratar de comprender qué es lo que realmente viene a buscar esa persona, lo que verdaderamente necesita, lo que le resulta aceptable o inaceptable. Sugerir sin imponer. El peor vendedor – y todos los somos de alguna manera – es aquel que trata de convencer, en lugar de escuchar las necesidades reales y asesorar para resolverlas. Si uno no se siente escuchado, no se siente respetado.
Asimismo, hay otras actitudes esenciales para tener en cuenta si queremos atender bien a alguien:
No distraerse, porque transmite al otro que no es suficientemente importante o interesante.
Fundamentalmente, tener en cuenta sus emociones y sus expectativas. Esto es escuchar con empatía, considerando la emoción o el sentir del otro, lo que es esencial para cualquier intercambio. Es fundamental, incluso, para que podamos ofrecer algo y ser aceptados.
Pero lo esencial de una buena escucha es, en definitiva, la apertura y el respeto. La comunicación es una danza, no un monólogo.
A veces, si el tiempo es muy justo, conviene aclararlo de antemano. Es mejor acordar en ello que mostrarse impaciente.
Hacer preguntas para confirmar lo que uno entendió, en vez de dar mucho por sobreentendido. Del sobreentendido al malentendido hay un solo paso.
Dar un espacio adecuado a las preguntas y responder clara y sinceramente.
Escuchar con apertura es también dejar, por un momento, las propias inquietudes y preocupaciones, miedo o enojos.
Y, fundamentalmente, ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Quizás eso sea lo más difícil: poder mirar – aunque sea por un momento – con los ojos ajenos.
Quien mejor entiende, mejor atiende.

Por supuesto, todas estas consideraciones no agotan el tema, y tampoco son exclusivas del contexto de consulta profesional. Son extensibles a muchas otras formas de encuentro y consulta, como puede ser la consulta de un alumno a un maestro, o de un hijo a un padre o madre, e incluso entre pares.
En todos los casos, el respeto genuino es el que cimenta la confianza, que es la verdadera argamasa de todas las relaciones.